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In situ

In situ: Maíz in México

Conservación in situ involucra el mantenimiento de biodiversidad de cultivos en su hábitat natural. Esto deja que la biodiversidad de cultivos se desarrolle directamente y que se adapte a los cambios ecológicos como van pasando en el campo. En este modelo agricultores (particularmente campesinos con parcelas de escala pequeña que practican métodos tradicionales de agricultura), son desarrolladores y custodios de la biodiversidad agrícola y son claves para la conservación de una gama amplia de semillas y variedades.

México es el centro de origen del maíz y es la fuente de una gran diversidad de especies nativas y variedades desarrolladas por campesinos a través de muchas generaciones. El maíz es una fuente de alimento básico en México, con un 40% de la fuerza laboral agrícola dedicada a crecerlo (cerca de 85% de estos son agricultores de escala pequeña). Estos campesinos que cultivan en parcelas de escala pequeña, predominantemente plantan para consumo propio y usan sistemas agrícolas que combinan técnicas prehispánicas y modernas. Además de su gran importancia económica, el maíz también juega un papel clave en la vida cultural de México, particularmente para los campesinos y la gente indígena.

La diversidad del maíz nativo en México, desarrollado durante miles de años de cultivación y selección, actualmente está bajo riesgo de varios avances sociopolíticos y bio-culturales (tal como la sustitución de variedades locales con variedades comerciales, cambios de mercado debido a acuerdos de libre comercio, migración de la fuerza laboral, pérdida de interés en la agricultura de las generaciones más jóvenes, y políticas contradictorias de la importación y de cultivo de los transgénicos). Esta parte del proyecto busca entender los retos que enfrentan la biodiversidad del maíz nativo desde la perspectiva de la gente indígena involucrada en su creación y cultivo. Específicamente buscamos explorar hasta qué punto las diferencias (de género, edad y estructura comunitaria) afectan cómo los desafíos se perciben y cómo las estrategias para superarlas son imaginadas y priorizadas.

Hacia este fin, el proyecto usa estrategias de investigación participativas y con enfoques artísticos. En la primera etapa del proyecto, miembros de las comunidades de distintas edades y géneros tuvieron que crear piezas de arte que representaran y describieran su historia, el papel del maíz nativo en sus vidas, y los cambios que percibían como amenazas a la conservación del maíz nativo. Esto llevó a la creación de una gama enorme de arte por distintos miembros de la comunidad - pinturas, fotos, bordados y hasta un mural. Las piezas fueron analizadas en grupos pequeños divididos por género y edad para detectar si habían diferencias en el análisis de un grupo a otro. Posteriormente fueron discutidos con la comunidad entera para poder llegar a un acuerdo sobre los retos prioritarios y proponer estrategias comunes y así tratar de contrarrestarlos. En base a los resultados del trabajo de estos grupos, el proyecto ahora está trabajando con las comunidades indígenas para implementar algunas de sus estrategias acordadas para apoyar a la conservación in situ de la biodiversidad del maíz nativo.